By MedFalch®
El modelo de patología según Hahnemann predice que las
enfermedades crónicas surgen de tres infecciones fundamentales llamadas miasmas
que se clasificaron como Lue (sífilis), Sycosis (condilomatosis venérea) y
Psora o eczema. El más importante de ellos es sin duda la Psora, que representa
7/8 de las enfermedades crónicas.
La psora se contrae a través de un contagio (psora
primaria) hoy reconocido como contagio estreptocócico. En esta fase se
manifiesta con un exantema que podemos observar en el recién nacido (eccema
neonatal) causado precisamente por estreptococos. Este contagio a lo largo del
tiempo y la participación de otros factores estresantes, induce una disfunción
basal del sistema inmune (definida por Hahnemann como una fuerza vital) que
determina trastornos funcionales poco graves que se denominan psora latente.
Posteriormente, debido a la superposición de otras
infecciones bacterianas, fúngicas o virales y también de ciertas vacunas, a
través de un mecanismo mediado por una respuesta inmune autolesiva, se
desarrolla la llamada psora secundaria que se manifiesta con lo que llamamos
enfermedades crónicas en toda regla. Hoy en día según este modelo Hahnemanniano,
en casi todas las enfermedades crónicas conocidas podemos reconocer procesos
patológicos de inmunomodulación y autoinmunes desencadenados por infecciones
microbianas previas.
Este
modelo patogénico para el que una infección sigue un proceso inmunomediado que
determina una secuela patológica crónica, nos permite comprender mejor las
causas de las enfermedades y los vínculos entre los distintos trastornos
presentes en una persona, pero sobre todo individualizar e identificar el
tratamiento homeopático más dirigido, con el objetivo de lograr la curación.
El Sistema
Inmunológico se describe como un aparato biológico capaz de defender nuestro
organismo de la embestida de invasores externos potencialmente hostiles, como
virus, bacterias u otras sustancias nocivas. En esta perspectiva, el daño
patológico dependería, en parte, de la agresividad del invasor, y en otra, de
una pobre eficiencia del sistema de defensa.
En realidad, al observar los mecanismos inmunológicos que ocurren en el
inicio y curso de una patología aguda y los procesos consecuentes con los que
avanzamos hacia una enfermedad crónica, autoinmune o neoplásica, nos damos
cuenta de que la enfermedad depende de una estrecha comparación del nivel
antigénico entre nuestra identidad inmunogénica (ya sea biológica o propia) y
agentes ambientales extraños (microbios, productos químicos, polen, alimentos,
etc.).
La noción de identidad inmunológica depende del sistema
de histocompatibilidad determinado genéticamente (Antígenos Leucocitarios
Humanos o HLA), del cual dependen la susceptibilidad o resistencia a patógenos
y la predisposición a enfermedades crónicas.
La peculiaridad de la fisiología del sistema inmunológico
es que son precisamente los estímulos infecciosos los que garantizan nuestra
individualidad al menos desde el punto de vista inmunogenético; paradójicamente, si el niño no se enferma, no tendría la oportunidad
de expresarse.
Además, un sistema inmunológico "virgen" se
especializa en cómo las moléculas del sistema HLA se expresan frente a
estímulos externos; por tanto, no se trata de un sistema de defensa, sino de
crecimiento y maduración del individuo, en relación con el entorno en el que
vive.
Autor: Dr. Salvatore Cavallo.
(Tomado del discurso de Anamaria Bosi, I congreso del IMC
celebrado en Turín el 28/11/2015).