domingo, 2 de enero de 2022

La Enfermedad es una Respuesta


 

By MedFalch®


El modelo de patología según Hahnemann predice que las enfermedades crónicas surgen de tres infecciones fundamentales llamadas miasmas que se clasificaron como Lue (sífilis), Sycosis (condilomatosis venérea) y Psora o eczema. El más importante de ellos es sin duda la Psora, que representa 7/8 de las enfermedades crónicas.

La psora se contrae a través de un contagio (psora primaria) hoy reconocido como contagio estreptocócico. En esta fase se manifiesta con un exantema que podemos observar en el recién nacido (eccema neonatal) causado precisamente por estreptococos. Este contagio a lo largo del tiempo y la participación de otros factores estresantes, induce una disfunción basal del sistema inmune (definida por Hahnemann como una fuerza vital) que determina trastornos funcionales poco graves que se denominan psora latente.

Posteriormente, debido a la superposición de otras infecciones bacterianas, fúngicas o virales y también de ciertas vacunas, a través de un mecanismo mediado por una respuesta inmune autolesiva, se desarrolla la llamada psora secundaria que se manifiesta con lo que llamamos enfermedades crónicas en toda regla. Hoy en día según este modelo Hahnemanniano, en casi todas las enfermedades crónicas conocidas podemos reconocer procesos patológicos de inmunomodulación y autoinmunes desencadenados por infecciones microbianas previas.

Este modelo patogénico para el que una infección sigue un proceso inmunomediado que determina una secuela patológica crónica, nos permite comprender mejor las causas de las enfermedades y los vínculos entre los distintos trastornos presentes en una persona, pero sobre todo individualizar e identificar el tratamiento homeopático más dirigido, con el objetivo de lograr la curación.

El Sistema Inmunológico se describe como un aparato biológico capaz de defender nuestro organismo de la embestida de invasores externos potencialmente hostiles, como virus, bacterias u otras sustancias nocivas. En esta perspectiva, el daño patológico dependería, en parte, de la agresividad del invasor, y en otra, de una pobre eficiencia del sistema de defensa.

En realidad, al observar los mecanismos inmunológicos que ocurren en el inicio y curso de una patología aguda y los procesos consecuentes con los que avanzamos hacia una enfermedad crónica, autoinmune o neoplásica, nos damos cuenta de que la enfermedad depende de una estrecha comparación del nivel antigénico entre nuestra identidad inmunogénica (ya sea biológica o propia) y agentes ambientales extraños (microbios, productos químicos, polen, alimentos, etc.).

La noción de identidad inmunológica depende del sistema de histocompatibilidad determinado genéticamente (Antígenos Leucocitarios Humanos o HLA), del cual dependen la susceptibilidad o resistencia a patógenos y la predisposición a enfermedades crónicas.

La peculiaridad de la fisiología del sistema inmunológico es que son precisamente los estímulos infecciosos los que garantizan nuestra individualidad al menos desde el punto de vista inmunogenético; paradójicamente, si el niño no se enferma, no tendría la oportunidad de expresarse.

Además, un sistema inmunológico "virgen" se especializa en cómo las moléculas del sistema HLA se expresan frente a estímulos externos; por tanto, no se trata de un sistema de defensa, sino de crecimiento y maduración del individuo, en relación con el entorno en el que vive.



Autor: Dr. Salvatore Cavallo.

(Tomado del discurso de Anamaria Bosi, I congreso del IMC celebrado en Turín el 28/11/2015).